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La historia de Barcelona se remonta a unos 4.000 años atrás, ya que se han datado testimonios humanos que existieron desde finales del Neolítico. En realidad la fundación de Barcelona como ciudad se debe al pueblo romano. Sera a finales del siglo I aC cuando se establece la llamada Barcino alrededor de lo que entonces era el monte Táber, hoy se encuentra la concurrida plaza Sant Jaume. Esta plaza siempre ha funcionado como centro político de Barcelona (aquí se encuentran hoy en día los edificios del Ajuntament y el Palau de la Generalitat de Catalunya). Durante la ocupación romana, Barcelona se rodeó de imponente murallas, la cuales se mantuvieron durante siglos ampliándose, incluso, más tarde y el crecimiento de la ciudad estuvo limitado por esta construcción (por ejemplo, el actual barrio de Gràcia fue durante mucho tiempo un pueblecito aparte de lo que se consideraba la ciudad). Entre los siglos V y VIII Barcelona pasa de manos visigodas a musulmanas. Y en el año 801, las tropas de Carlomagno entran en la ciudad. El norte de Cataluña y la antigua Galia visigoda son ahora territorios francos y, en el año 878, Guifré El Pilós es nombrado conde de Barcelona, Girona y Besalú. Este período, no durará demasiado. La invasión del ejército musulmán tendrá dos consecuencias decisivas: Su práctica destrucción Su independencia de los francos, ya que el conde que gobernaba por aquel entonces, Borrell II, consideró que se habían quebrantado los vínculos de vasallaje y no se había prestado a la ciudad la ayuda necesaria. La solución al nuevo dominio de Barcelona pasa por su decisión personal de proclamarse duque ibérico y marqués por la gracia de Dios. A principios del siglo XI, Barcelona invade Córdoba y obtiene una importante victoria que se traducirá en riquezas y beneficios económicos lo cual permitirá que la ciudad evolucione a un ritmo más rápido. Además, los diferentes condados catalanes se fueron uniendo con Barcelona como capital de Cataluña para ampliar territorios e influencia.
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