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LLegamos ya a la primera mitad del siglo XIX que se caracterizó por las revueltas y las convulsiones: en 1814 los obreros organizaron la primera huelga general que se conoce en la ciudad entre bombardeos, tumultos, incendios de conventos y conflictos de todo tipo. Estas tensiones y los evidentes deseos de cambio también trajeron consigo importantes reformas. Será en el año 1848, cuando Barcelona inaugure el primer recorrido de ferrocarril y su vocación industrial se hace tan patente que se la conocera como “la pequeña Manchester”. Con el derrumbamiento de las murallas en el año 1854 se deasrrollará la ciudad de una manera descomunal hasta entonces no vista, en 1859 se aprueba el plan de Ildefons Cerdà, que plantea la zona del Eixample barcelonés como el clásico esquema de cuadrículas y espacios públicos que podemos disfrutar hoy en día. la Exposición Universal de 1888: marcará un antes y un después en el desarrollo de la ciudad, para albergar este evento tan especial la fortaleza militar de la Ciudadela se destruye por completo Desde entonces Barcelona sera observada por Europa como una ciudad más afin a sus inquietudes. Empezaran en esta época a llegar grandes movimientos de inmigración española a la capital. Barcelona empieza a ser el centro de una vanguardia cultural, preocupada por los nuevos avances científicos, técnicos y artísticos en cualquiera de sus manifestaciones. Florecen una nueva generación de industriales y políticos pertenecientes a la burguesía los cuales se preocupaban por los avances urbanísticos que convertirían a Barcelona en una ciudad moderna, el mundo intelectual se mueve por otro lado. En 1897 un nuevo restaurante inspirado en Le Chat Noir de París se inauguraba en Barcelona. Se llamaba Els Quatre Gats y destacó por ser un lugar insólito, a medio camino entre las tabernas, el hostal tradicional y el refinamiento de las cervecerías modernistas del resto de Europa. Pronto empezó a estar frecuentado por artistas como Ramon Casas, Santiago Rusiñol, Isaac Albéniz o Antoni Gaudíy, en 1899, un joven Picasso realizó en estas paredes su primera exposición. El ambiente bohemio de aquellos días todavía puede respirarse en la calle Montsió, número 3, muy cerca del Portal de l’Àngel. El espíritu del Modernismo impregna a la ciudad en todos sus ámbitos artísticos, incluso, en la arquitectura. Barcelona se llena de una generación de artistas que llevan la fantasía a su máxima expresión Cerámica colorista, vidrieras, hierro forjado y un bestiario imaginario se incorporan a la arquitectura. Su máximo exponente será ,Antoni Gaudí y sus obras universales: la Sagrada Familia, la Casa Milà o la Pedrera, la Casa Batlló, el Parc Güell...
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